Hoy me descubrí cuasi hippie después de ver las fotos de un evento de "gente bien", ja. Las chavas y señoras ahí presentes, más que arregladas y cuidando mostrarse perfectas ante el disparo del paparazzi; unas, con cara de muñeca, otras, con rostro de momia. Ellos, relamidos con alguna cera súper cara y mostrando al obturador su mejor sonrisa. Falsos, falsos, falsos, pero eso no les quita lo felices que se veían. Yo pensé: "Qué flojera de gente", definitivamente no pertenezco a su tribu. Y luego agregué a mis reflexiones oficinescas (porque en ese momento estaba en la oficina): "Vaya con los rostros de México, un México tan dispar, un México de personas a las que les interesa salir en las planas de sociales con su mejor porte, gastando su dinero en cosas inútiles (y están en su derecho, lo pueden usar como quieran), y otro México de personas, ya no digo en miseria, si no gente como yo, tan común y corriente que cada quince días recibe un sueldo para cubrir comida-techo-diversión, que tiene que esforzarse por salir adelante y que espera que esta crisis no le afecte en demasía... Si supieran lo que pienso quizá dirían: "Ay, pobrecita, pobre hippie". Y lo de hippie me lo atribuyo como una forma en la que ellos suelen generalizar a gente que piensa, viste, trabaja y vive como yo, una simple editora de revistas que utópicamente cree que en algún momento de la vida la justicia social podrá alcanzarse; y no, no me clavo en ideas de partidos políticos o agrupaciones pro derechos de n cantidad de causas, no, sencillamente lo que pienso es producto de lo que veo día con día a mi alrededor.