sábado, 19 de julio de 2008

Reencuentros


Regresar a la tierra que me vio nacer después de casi 15 años de haber salido de ella, es ver al pueblo que dejé con unos ojos que no pueden dejar de mirar un cielo tan azul que cobija a unas caprichosas nubes que parece siguieran cautelosamente mis pasos; es sentir unos rayos generosos de un sol que vuelven a curtir una piel que ya se ha acostumbrado a una turbia atmósfera urbana, pero que respira de nuevo por sus poros una renovada vitalidad; es saber que ahí siguen los puestos de nieve esperando que yo pida una de "leche con tuna"; que si se me antoja un turrón habrá una señora en el mercado que me ofrezca una variedad de "mamones", "nengüanitos" u otro dulce de pan; que si el día amerita comer un tasajo o una barbacoa, el antojo será concedido.
Todo sigue como lo dejé. Bueno, casi, con su lógica evolución -aunque lenta-, siempre haciéndome recordar quién soy y de dónde vengo.
Y ellos también siguen ahí, esperándome como la primera vez que volví, quizá con la misma emoción de tener a su hija entre sus brazos; quizá con la esperanza de que no vuelva a marcharme; quizá todavía preguntándose por qué me fui, por qué crecí, por qué en la vida tiene que haber separaciones.
Y yo también me lo pregunto, más aún cuando abro mi balcón y siento en mi rostro esa brisa cálida que llega desde las montañas, o tal vez tan solo del otrora solar de mi abuelita; cuando aspiro el fresco aroma del limonar que queda a los pies de mi ventana; cuando oigo trinar a los pájaros; cuando a lo lejos se oyen las campanas de un reloj que, contaba "Mamatete" que en paz descanse, alguna vez las pilló, a ella y a mi mamá, caminando por las calles una madrugada que pensaron ya estaba por dar paso a la claridad de un nuevo día.
Sí, me lo sigo preguntando; pero mientras eso da vueltas en mi cabeza, trato de hacer del breve paso por la casa de mi infancia y adolescencia, por el barrio, por las calles que me vieron pasar más de una vez, caminando o en bicicleta, la gran oportunidad para almacenar esa felicidad que me provoca estar ahí, y guardarla como a un verdadero tesoro, porque se trata de un engrane del motor que me anima a seguir adelante.

No hay comentarios: