Quizá los argumentos de esta orgullosa oaxaqueña valgan poco cuando dice que como la gastronomía de su estado no hay dos, porque irremediablemente pondrá una pizca de subjetividad en sus palabras. Pese a ello, y arriesgándome a la crítica, quiero compartir un momento de éxtasis vivido por mi paladar recientemente. ¿Exagerado el calificativo? Lo único que puedo pedir es que imaginen a una mujer hambrienta en espera de su cena con una carta de platillos internacionales fusionados con ingredientes de la región en sus manos.
Después de mucho pensarlo, pasta fue la elección, nada del otro mundo; pero, oh, detalle, ¿mezclada con mezcal y chapulines? Exótico, sin duda. ¿Extraño hasta para una oriunda?, hasta cierto punto. ¿Tentador? Sí, sí, sí!
...Y así iniciaron unos minutos de degustación realmente memorables. El culpable fue un fusilli al mezcal con una lluvia de chapulines y queso costeño. De sabor fuerte (pero no con la misma intensidad del mezcal para beber), ligeramente ácido por los chapulines y con el balance cremoso de un queso proveniente de regiones cercanas al mar.
No hubo más para mí, fui feliz probando una exquisitez que me regaló mi tierra, y mejor aún, con motivo de mi cumpleaños. Hoy vuelvo a comprobar que no por nada mucha gente adora Oaxaca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario