lunes, 5 de enero de 2009

Dos mil nueve


1. Y llegó 2009. Amaneció nublado, con un poco de frío. Extraño, pues en Oaxaca la mayoría de los 365 días tienen un sol radiante. Recuerdo que las primeras horas de 2008 le dí la bienvenida al nuevo ciclo muy contenta; esta vez, nostálgica. Quizás el hecho de que mi abuelo, ya con 87 años a cuestas y enfermo de las vías respiratorias, estuviera sentado-enchufado a un oxígeno portátil, me inspiro este sentimiento melancólico del que difícilmente pude desprenderme, si no hasta hablar con él y darme cuenta que sigue tan lúcido, como siempre.

2. Uno hace propósitos a principios de año esperando ver sus efectos en poco tiempo. ¿Cumplirlos? Al menos he aprendido a tolerar el cuartito lleno de aparatos para activar los músculos, sólo falta cerrar la boca... Pero con esas tortillas y queso Oaxaca tan adictivos, es difícil llegar a ciertas metas.

3. Empiezo este año escuchando a Deerhunter, y su disco Microcastle/Weird Era Continued, editado en 2008, y terminando de leer a Yasutaka Sutsui, con Hombres Salmonela en el planeta porno. Estoy en espera del nuevo de Franz Ferdinand, aún no lo encuentro en la red (el 23 de enero sale a la venta) y ya queriendo empezar Al otro lado, de Heriberto Yépez.

4. El primer cierre editorial del año hizo su aparición. Emocionante, chulas todas las páginas, todavía sin visos de caos (espero que no aparezca), aunque un poco amontonados, hasta que encontremos una nueva oficina. Mucha aventura, ¡cómo no!

5. El año pinta para muchas buenas sorpresas. En tanto aparezcan, hasta aquí las primeras líneas de 2009.

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