
Llegué sin nada, me iré sin nada; pero mientras eso suceda no me resisto a estar sin nada; sin esa tu mirada de todos los días, sin esa tu voz que me motiva; sin esos amaneceres en los que quisiera seguir soñando.
Llegué sin nada, pero de pronto fuimos un todo, un todo que ha atravesado turbulencias, alegrías y también días grises. Y hoy no puedo siquiera pensar en un todo desestructurado, no hasta que me vaya, ya sola y sin nada.
Llegué sin nada, y de pronto tú, haciéndome compañía. Primeros pasos, primeras complicidades; años recorridos, años en la distancia, años de experiencia, y hoy esa nada la has ocultado con tan solo una sonrisa.
Llegué sin nada, y a pesar de tener esa soledad dormida, de repente hay vacíos, como hoy, en que piensas que la nada invade tu existencia; pero el simple recuerdo de lo que será vuelve a hacerme sentir viva y a recordarme que la nada es pasajera, por ahora, hasta que yo me vaya, sin nada, de forma definitiva.